Budismo

El budismo no se trata de una religión, sino de una doctrina filosófica de vida. Su finalidad es liberar al Ser del sufrimiento, mismo que proviene debido a los apegos del ego.

¿De dónde viene el budismo?


Budismo para liberarse del sufrimiento

Su nombre proviene de Siddhartha Gautama, el Buda histórico, un hombre que vivió en la India hace alrededor de 2,500 años, cerca del Himalaya. Después de un profundo proceso meditativo, donde renunció a la riqueza ante un camino asceta, alcanzó la iluminación o el despertar de la consciencia y se convirtió en Buda, el despierto.

Según el budismo, el sufrimiento que experimentamos todas las personas proviene de los apegos de la mente. Estos pueden ser físicos, mentales o emocionales. Su práctica implica una transformación interna, de modo que la persona pueda desarrollar cualidades como la bondad, la compasión, la serenidad.

El budismo como una enseñanza

Aunque los enfoques del budismo pueden variar según el lugar y la forma de enseñanza, en su médula todas las variantes comparten los conceptos esenciales como la idea del karma. A través de su práctica se explica  el propósito de la vida, las aparentes injusticias del mundo y la relación entre la creación y la divinidad.

Cualquiera puede estudiarlo e incorporarlo como filosofía a su vida cotidiana, no importa la denominación religiosa o la experiencia previa. Una de sus premisas es que cualquier solución a un problema o circunstancia adversa se encuentra dentro de uno mismo; la esencia del ser humano es sabiduría y divinidad pura.

No es necesario creer en ninguna deidad, simplemente tener la mente abierta a la espiritualidad. Al tratarse de una filosofía de vida, sus enseñanzas pueden implementarse en la vida diaria. Una persona no tiene que convertirse en lama o en monje para vivir el budismo de forma plena, sino ser consciente de su existencia y de la compasión por todos los seres vivos.

Beneficios:

  • El budismo propone el desarrollo de la atención plena, es decir, estar completamente inmerso en el aquí y el ahora. Esto implica un automonitoreo de los pensamientos. No perderse ni en el pasado ni en el futuro, solo estar.
  • Una de las premisas del budismo es empatía y que va de la mano con la compasión. Seguir sus enseñanzas implica abrir el corazón y el sentido de unión con todos los demás seres humanos, animales y seres que habitan el planeta. Nadie es mejor que nadie, solo hay estados de consciencia.
  • La espiritualidad repercute de forma positiva en la salud. Somos cuerpo físico, mental, energético, emocional y espiritual. Se disminuye el estrés y se mejora la calidad de las relaciones interpersonales. 
  • Se incrementa la tolerancia a la frustración. Esto puede ser una ventaja de experimentar silencio interior. Una persona no solo es budista mientras transcurre la sesión de meditación en quietud y con incienso, sino en la vida diaria. 
  • La apertura espiritual conlleva una flexibilidad y una claridad mental muy particulares. De pronto la vida no es únicamente lo que perciben los sentidos, sino que se va más allá del ego y de la experiencia mental pasada.

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